Cómo manejar la ira de nuestros niños

Kangaroo    Kangaroo    Lunes, febrero 29, 2016

Por: Andrea Guevara

PARA AYUDAR A NUESTROS NIÑOS A MANEJAR SU IRA HAY UNA CONDICIÓN BÁSICA: QUE PRIMERO LA ACEPTEMOS NOSOTROS Y NO LES CASTIGUEMOS Y LES HAGAMOS SENTIR MAL POR TENERLA.

Lloran, gruñen, o pegan. También se vuelven irrespetuosos, irónicos o los ignoran. Es inevitable que los niños se enfaden con sus padres con sus hermanos o con el mundo. Y hemos de aceptarlo. Tienen un amplio abanico de sentimientos y nuestro trabajo no es evitárselos sino ayudarles a afrontarlos.

 

Protocolo para ayudar a un niño a manejar su ira:

Primero acepte, luego intervenga. Entienda que las emociones, tanto positivas como negativas, existen y existirán siempre. Y que de alguna manera tienen que salir. Es imposible y contraproducente reprimirlas. Ya es bastante difícil para un niño manejar su propia ira para que cuando la sienta su padre o su madre le recriminen o penalicen por sentirla. Entonces ya no hay manera de controlarla y a lo que era ira se añade agresividad y odio. ¡Proporcione recursos para controlarla, no le ayude a incrementarla!

 

Ayúdele a reconocer los síntomas de la ira: angustia en el estómago, tensión, subida de la temperatura, taquicardias. Esto le ayudará a prepararse y prevenir la explosión.

 

Enséñele a reconocer la intensidad de sus sentimientos. De 0 a 10, ¿en qué lugar situarías tu enfado? Para los más pequeños, dibuje una escalera con colores diferentes en los que las emociones vayan ascendiendo de peldaños: molesto, triste, enfadado, muy enfadado, furioso, agresivo, etc. Anímele a que coloque su foto en el escalón con que más se identifique.

 

Enséñele qué comportamientos son admisibles y cuáles no. En la mayoría de situaciones negativas, los padres se centran en decir a sus hijos lo que no deben hacer pero pocos les dan alternativas: golpear los almohadones, darse un baño, retirarse a otro lugar a pensar, respirar profundamente, pintar en un tablero, escribir en el diario, etc. Para los más pequeños, peguen en una cartulina fotos de comportamientos que SI y No están permitidos. Este recordatorio debe ser muy visual.

 

Utilicen palabras de aceptación para hablar con él en momentos de enfado.

 

NoVas a tener que aguantarte

Sí: Seguro que existe una solución

 

NoNo hay para tanto

Sí: Veo que estás muy enfadado

 

NoDeja de llorar; eres un llorón

Llora lo que necesites. Te sentirás mejor.

 

NoTe comportas como un bebé

Entiendo que estés enfadado

 

No: Eres una bestia. ¡Deja de dar patadas!

Si necesitas dar patadas a algo, puedes hacerlo con los almohadones de tu cuarto. Están ahí para eso.

 

No: ¡No hay manera de hablar contigo!

SiNo puedo entenderte cuando estás violento. Esperaré a que te calmes.

 

Una vez suavizados los sentimientos de ira o agresividad, reflexione con él. Y, lo más importante, reflexione a solas. ¿Cuáles son los verdaderos motivos que han desencadenado el enfado? ¿La razón es la que él dice o puede que su hijo se sienta estresado, poco competente o decepcionante para los demás? ¿Son celos? ¿Ha tenido su comportamiento o su manera de comunicar parte de responsabilidad?

 

Su intervención y sus palabras, ¿están orientadas a satisfacer las necesidades básicas o se han quedado en la superficie del problema? Escuche de manera activa y empática.

 

Una vez identificado el problema, ayúdele a generar soluciones creativas y a llevarlas a la práctica.

 

¡Cuide su propia ira! A menudo los ritmos de vida y el estado emocional nos juegan malas pasadas con nuestro propio manejo de la ira.

 

 

Bibliografía: Elena Roger Gamir

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